marzo 29, 2026

¡Hosanna, sálvanos ahora!

La entrada de Jesús en Jerusalén no fue solo un evento multitudinario, sino un acto cargado de simbolismo que marcó el inicio de su Pasión. Este acontecimiento, celebrado hoy como el Domingo de Ramos, muestra a un Jesús que se presenta ante su pueblo cumpliendo antiguas promesas y respondiendo a un clamor profundo.

1. El significado de un grito: «¡Sálvanos ahora!»

Cuando las multitudes gritaban «¡Hosanna!», estaban utilizando una expresión que deriva del hebreo hosia-na, cuyo significado literal es «sálvanos». Este ruego no era casual; la gente citaba el Salmo 118, un himno que formaba parte del Hallel festivo que todo judío conocía y cantaba en las grandes celebraciones en el templo. Al clamar estas palabras, reconocían en Jesús a aquel que venía «en el nombre del Señor» para traer la liberación esperada.

Y las multitudes que iban delante de Él y las que iban detrás, gritaban:
«¡Hosanna al Hijo de David!
¡Bendito Aquel que viene en el nombre del Señor!
¡Hosanna en las alturas!».
– Salmo 118:26

2. El Rey que llega en son de paz

A diferencia de los líderes militares que entraban a las ciudades montados en caballos de guerra, Jesús eligió entrar montado en un asno. En la tradición oriental, este animal simbolizaba la llegada en paz, mientras que el caballo representaba el conflicto bélico. Con este gesto, Jesús cumplió la profecía de Zacarías 9:9, que describía a un rey humilde y salvador llegando sobre un pollino. Se presentaba así no como un guerrero, sino como el Príncipe de la Paz.

3. Una ciudad conmovida hasta sus cimientos

El recibimiento fue masivo y entusiasta. La gente tendía sus mantos y cortaba ramas de árboles (específicamente palmeras, según el relato de Juan) para alfombrar su camino. El impacto fue tal que el Evangelio de Mateo describe que toda la ciudad se «conmovió». La palabra griega utilizada, eseisthē, sugiere una agitación tan violenta como la de un terremoto, reflejando el asombro de quienes preguntaban: «¿Quién es este?». Muchos de los que estaban allí habían sido testigos de la resurrección de Lázaro y daban testimonio de su poder.

4. El contraste del llanto divino

Sin embargo, el júbilo externo contrastaba con el dolor interno de Jesús. Al acercarse a la ciudad y contemplarla, Jesús lloró sobre ella. En este momento, conocido como Flevit super illam, Jesús lamentó que Jerusalén no hubiera reconocido «el tiempo de su visitación» ni las cosas que conducían a la verdadera paz. Mientras la multitud pedía una salvación política inmediata, Jesús lloraba por el juicio futuro y la destrucción que vendría sobre la ciudad por no comprender su misión espiritual.

Conclusión

El grito de «¡Hosanna!» sigue resonando hoy como una invitación a reconocer a un Rey que no domina por la fuerza, sino que sirve con humildad. Jesús entró en Jerusalén para ofrecer una salvación que superaba las expectativas humanas, recordándonos que la paz verdadera comienza cuando abrimos el camino a aquel que viene en el nombre del Señor la paz verdadera comienza cuando abrimos el camino a aquel que viene en el nombre del Señor.

[give_form id="4696"]